Softedge acudió al estudio tras una inversión fallida en un branding que resultó en una identidad genérica y carente de peso estratégico.
El diagnóstico reveló un vacío conceptual: la marca previa no soportaba la competencia global. El ajuste fue mucho más allá de lo estético, implicando una reconstrucción total para dar identidad a una empresa tecnológica de alto rendimiento.